HISTORIA – ARTE – INVESTIGACIÓN

LA IGLESIA DE SANTIAGO APOSTOL DE VENTURADA

Se construye una maqueta a escala de la iglesia de Venturada para representar las conclusiones de un estudio arqueológico sobre su aspecto original en el siglo XII

Introducción.

Hoy prácticamente irreconocible su aspecto original, esta joya del románico madrileño se encuentra en el municipio serrano de Venturada, cincuenta kilómetros al Norte de la capital de España, situada sobre un promontorio que domina la autovía A1.

Sus orígenes son confusos y se pierden en la noche de los tiempos, dando la Carta Arqueológica pocas pistas sobre los mismos. No obstante, su bella portada románica es del siglo XII.

En la actualidad, se conserva dicha portada, así como la planta original, de nave sencilla y cabecera recta. Una nueva espadaña se construyó en el último tercio del siglo XVI, de inequívoco estilo esculiarense, sencilla y elegante. También se remodeló completamente la cabecera, quedando ésta muy diferente a la original, incrementando notablemente su altura, que superaba la cota máxima de la nave, y rematada con una bóveda de crucería. El presbiterio quedaba separado por un gran arco de medio punto.

Por esta época se añadieron los contrafuertes que sujetan los muros.

En el siglo XIX tuvo lugar una reforma poco afortunada, resultado de la reconstrucción del templo tras la devastación provocada por las tropas de Napoleón, elevando la altura de la nave principal, pero quedando los canes de piedra y parte de la antigua cornisa de filete y bisel a la vista en su ubicación original sin ser debidamente aprovechados para el nuevo entibado de la cubierta. También de añadió un cuerpo más en planta, a continuación de la cabecera, para su uso como sacristía. Ambas reformas permitieron reanudar el culto, pero desvirtuaron la imagen y el equilibrio arquitectónico del edificio.

Este resumen cronológico del edificio nos da una idea de las profundas transformaciones sufridas que ha sido necesario analizar y contrastar para su levantamiento a escala con la apariencia y proporciones estimadas que debió tener en el siglo XII.

Venturada en el siglo XII.

Tras la recuperación de Toledo, que vuelve a manos cristianas en el año 1095, los territorios situados entre esta ciudad y la Sierra de Madrid van a disfrutar de una etapa de crecimiento y repoblación por la seguridad que supone el alejamiento de la frontera y la consiguiente amenaza islámica. Podría decirse que la sierra madrileña estuvo prácticamente despoblada desde el momento en que la frontera se descolgó de la línea del Duero, quedando como enclaves de la defensa musulmana los castillos y recintos amurallados de Buitrago, Torrelaguna y Uceda y su red de atalayas, como la de Venturada, erigida sobre otro promontorio, frente a la actual población, dominando lo que debió ser cruce de caminos. Esta línea defensiva no aguantó mucho tiempo el envite cristiano, liberando estas poblaciones en fechas próximas a la toma de Toledo.

Planteamientos para la reconstrucción a escala de la iglesia de Venturada en el siglo XII.

Al no existir referencias escritas de esta joya del románico madrileño en su etapa medieval y en base a su tipología norteña, es necesario analizar, en primer lugar, planos arquitectónicos disponibles en archivos o referenciados en la Carta Arqueológica. A continuación, un análisis in situ del edificio sin descuidar un detalle y obteniendo fotografías, que deberán analizarse después junto a los planos y conociendo la historia de la iglesia en sus distintas etapas, para obtener un “despiece” de los distintos cuerpos y elementos de su arquitectura.

  • Planos: Se establece claramente que se trataba de una iglesia de una sola nave con cabecera recta, a la que se le añadió un cuerpo más (sacristía) en el siglo XIX. Por tanto, el trazado medieval sería de una única nave con cabecera recta. Los alzados muestran claramente la elevación de la nave principal en época tardía y que los vanos no corresponden a la etapa medieval, excepto en la espadaña.
  • Tipología y estilos: Los canes de piedra granítica y los restos de la cornisa en el mismo material arrojan luz en dos cuestiones muy importantes: Las cotas de altura de nave y cabecera en su época original, hoy sobrepasadas con las sucesivas reformas. La disposición de estos canes (o canecillos) en la cabecera no dan lugar a dudas de que ésta fue recta, con lo que se establece que el ábside se corresponde exactamente en planta con el de los planos actuales. Analizando la espadaña, la primera conclusión es que no nos sirve, puesto que data de finales del siglo XVI. Corresponde, entonces, eliminar otro elemento más de los planos y pensar en una espadaña típica de la arquitectura rural de la época, siempre buscando referencias al Norte. Con los ejemplos vistos en las provincias de Segovia y Burgos principalmente, se ha podido establecer una tipología y sus proporciones. Los laterales no tienen vanos: En este tipo de iglesias rurales era normal dejar ciego el alzado Norte para protección de las inclemencias, quedando el pórtico en la fachada Sur. Sin embargo, era habitual disponer de uno o más vanos en el ábside. Por las proporciones, éste debió disponer de uno, cuya tipología estaría en consonancia con el
  • Ejemplos: Aunque no existen muchas espadañas románicas rurales que no hayan sufrido cambios y transformaciones a través de los siglos, todavía quedan suficientes como para haber establecido las formas y materiales en que fue construida la de Venturada, como la de Alquité, en Segovia. Esta iglesia no debió ser muy diferente de la que existió en Venturada. Buscando ejemplos de cabecera recta y planta de una nave (no hay demasiados) es posible establecer paralelismos con la ermita del Santo Cristo, en Coruña del Conde (Burgos) de origen visigodo, no sólo por el trazado de su planta, sino también por su evolución hasta el siglo XII. Otro ejemplo que tiene particular relevancia es la ermita de Nuestra Señora del Barrio, en Navares de las Cuevas (Segovia). Si analizamos detenidamente el pórtico de la iglesia de Santiago Apóstol en Venturada, formado por tres arquivoltas, observamos que éste disponía además de dos contrafuertes, hoy truncados, también de piedra caliza, que debieron quedar rematados con un tejadillo que protegía el conjunto, como la ya mencionada iglesia de Santiago, en Ongayo (Suances) que conserva su estructura. Por último, las cubiertas de nave y cabecera eran a dos aguas, apoyadas en la cornisa de filete y bisel y sus respectivos canes en forma de proa. A tener en cuenta para la maqueta que dichos canes no eran siempre equidistantes. Este particular, y su factura más tosca, contribuye a plantear un posible origen visigodo, anterior a la obra románica, así como el trazado poco regular del rectángulo que forma la nave en planta, visible en los planos.

La maqueta.

Representa las conclusiones de todo lo visto hasta ahora.

En el pórtico, fue necesario el empleo de utillaje de odontología para realizar algunos elementos, como las tallas de la chambrana, insertadas en pequeños taladros para evitar su desprendimiento, realizando en cobre la moldura de la segunda arquivolta y tallando con fresas muy pequeñas la disposición de los sillares y otros elementos. El resultado lo merecía.

Se tuvo en cuenta la disposición de las tallas en aspa, piedra a piedra. De este modo, las hay con una talla o dos, e incluso existe una con tres tallas, tal como se aprecia en la realidad.

 La mampostería se talló con la ayuda de fresas. Respecto a la cubierta, se troquelaron planchas de arcilla, gracias a unas matrices realizadas ex profeso.

 La paleta de colores contempla los tres tipos de piedra empleados en el edificio: Granito gris en las esquinas, encintado de los vanos de la espadaña, canes y cornisa. Granito viejo (más degradado) en mampostería y el tono propio de la piedra caliza del pórtico, sus dos contrafuertes y la ventana del ábside. En cuanto a la cubierta, además del color teja, los tonos van del amarillo mostaza en algunas aristas de las tejas al verde grisáceo que se impone en algunas zonas como resultado de la humedad. Un verde más vivo se ha difuminado en la parte baja de los muros y en otras zonas aisladas para captar el realismo de los efectos de la intemperie.

En cuanto a las técnicas de pintura, han intervenido lavados, aerografía y pincel seco.

Para realizar las campanas, de distinto tamaño, fue necesario el uso de un torno.

El resultado final de este trabajo de estudio y taller es una maqueta que exponga las conclusiones obtenidas para su uso didáctico y divulgativo.

Autor: José Manuel Encinas Plaza – Maquetista / Arqueólogo

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